jueves, 8 de enero de 2015

SOLSTICIO DE INVIERNO 2014. Reflexión Personal

Me encuentro en las profundidades del invierno. Al llevar mi mirada hacia el cielo siento un escalofrío por mi cuerpo. En la cara, el frio me azota con el agua que trae el viento y penetra en mi piel como miles de dagas. El sol se encuentra tan lejos que solo lo siento unas pocas horas al día. Mi ansia por su luz es tan grande que solo puede ser calmada al notar mis pies asentados en mi Tierra.
Ella siempre está ahí buscando mi bienestar. Quiero sentirme más cerca de ella y me dejo arropar por su latido rítmico y tranquilizador que me arrulla en un estado relajado y consciente donde los elementos que antes sentía tan agresivos son ahora una oportunidad.

Es el momento de recordar lo hecho hasta ahora, de seleccionar los frutos que he recogido durante el tiempo estival y preparar las semillas para este nuevo año. Como aguerrido sembrador escojo los mejores frutos para preparar mi próxima siembra, recuerdo mis mejores técnicas de labranza, aprendo de mis errores y me encuentro con un puñado de semillas que se convertirán en mis proyectos futuros.

Para llevarlos a cabo, necesito luz y calor, necesito al sol. Y él, está tan lejos. ¿Se ha olvidado de mí? ¿Cuándo vendrá? ¿Me ha abandonado? Vuelve a mí, Astro Sol, vuelve a la Tierra que te necesita.

Siento una última caricia, una despedida cariñosa y la presencia que me ha acompañado en estos momentos duros, protegiéndome y cuidándome, me saluda con la promesa de llevar mi pedido al sol. El Señor del Año Menguante, esa figura poderosa y silenciosa, que ha permanecido junto a mí hasta formar un todo unido se aleja hasta su lugar en las profundidades del sol.

Siento el desgarro que produce su separación como si una parte de mí, la más fiable, me faltara y mi corazón se encoge. Al volver mi mirada al cielo, en una última y honrosa despedida, noto una luz en mi cara que se va haciendo más luminosa a medida que se acerca más a mí. ¿Es él? Si, es el Rey del Roble que llega a ocupar su lugar en la tierra.

Mi corazón se engrandece porque otra vez siento su compañía. El Señor del Año Creciente trae consigo las esperanzas y los deseos de volver a empezar. El me alienta a renovarme desde las profundidades de mi interior y disfrutar del exterior.

Miro lo que me rodea, siento el agua en mi cara que me rejuvenece, escucho el sonido del viento que canta la canción de bienvenida y la tierra que hay bajo mis pies sigue quieta y yerma en su superficie pero su latido se acompasa al ritmo que sus hermanos cantan mientras en su interior, en mi interior, todo empieza a funcionar de nuevo.

ODM